miércoles, 10 de marzo de 2021

El salto digital de la última década

Whatsapp, Uber o Instagram son inventos que, con apenas una década de vida, son ya indispensables, como el 4G con el que todavía nos comunicamos.

 

Sabía usted que las redes de telecomunicaciones 4G –las más extendidas en la actualidad– apenas cuentan con poco menos de diez años de vida en España? ¿Y eso de poner filtros a las fotos de las comidas o a los pies en la playa es reciente? Sí, de hecho, el 4G e Instagram son dos de las irrupciones más llamativas de la pasada década.

Las redes 4G llegaron a la vida de los españoles en 2013, cuando los grandes operadores que trabajan en el país lanzaron esta cuarta generación de tecnología de telecomunicaciones. Pero ahora empieza a quedar en el olvido con la irrupción del 5G. Esta mejor conexión, aunque en algunos lugares de España aún siguen navegando en 3G, provocó que las aplicaciones se apoderaran de los 'smartphones' y las llamadas quedaran relegadas por una plataforma de mensajes, Whatsapp.

En 2009, esta 'app' vio la luz por primera vez. Su creador fue Jan Koum, un emigrante ucraniano al que meses después se unió su amigo Brian Acton. Pero su éxito comercial no explotó hasta mediados de la década pasada, justo tras su compra por parte de Facebook y Mark Zuckeberg.

Una historia muy similar vivió Instagram. La vida con filtros llegó en 2010 y a los pocos años enamoró al propietario de la gran red social, convirtiéndose en una más de la familia Facebook. Ahora, ese universo es usado por más de 2.000 millones de usuarios.

Aunque si las redes sociales han dado un vuelco a la forma de comunicarnos en los últimos años, la movilidad también ha dado un giro de 180 grados. Lyft, Uber y en España, Cabify, han añadido nuevas formas de desplazarse a los ciudadanos. Ha sido la entrada de la tecnología en la movilidad, que está encaminada a alcanzar la conducción autónoma en, quizá, la próxima década.

Actualmente aún hay numerosas empresas mejorando esta tecnología debido a los diferentes problemas que ha presentado este revolucionario avance. En 2017, durante la prueba de un servicio autónomo, se ocasionó un accidente mortal. Sin embargo, ya en 2019 Nueva York realizó diferentes test que resultaron un éxito, lo que permite creer que la era de los coches autónomos está llegando para quedarse.

La inteligencia artificial (IA) ya está en los móviles y en grandes ordenadores y, además, se ha convertido en una más de la familia con la llegada de los asistentes de voz como Alexa, Siri o Google Home. Pero no solo está presente en las casas, sino que también cada vez más se abre paso en los quirófanos y consultas médicas. «La IA es mucho más peligrosa que las armas nucleares, así que por qué no tenemos una supervisión regulatoria; esto es una locura», admitía en 2018 Elon Musk, fundador de Tesla. Y en ello están las autoridades, aunque sin armonizar sus trabajos.

Junto con los algoritmos, al cobijo de la IA ha crecido también el reconocimiento facial. El miedo a vivir en un Gran Hermano gigante y de alcance internacional se ha instalado en los últimos años. Sin embargo, los problemas con la privacidad y, especialmente, los sesgos raciales de esta nueva tecnología han puesto en duda su eficacia real.

 

La nube, el futuro

La nube digital sí ha demostrado ser eficiente, como ha quedado patente durante la pandemia provocada por la covid-19. Ya ha transformado la forma en que muchas empresas operan, debido a que otorga la posibilidad de tener tecnología más accesible. Gracias a ella, muchos negocios cuentan con herramientas y tecnología que antes solo estaban disponibles para grandes empresas que tenían la posibilidad económica de adquirirlos.

Múltiples informes lo vaticinaban y los balances de resultados de las grandes compañías tecnológicas del último trimestre de 2020 lo ratifican: los servicios en la nube crecen con fuerza espoleados por el teletrabajo y las restricciones sanitarias provocadas por el virus. En los casos del 'cloud' de Microsoft, Azure, y de Alibaba Cloud, segundo y cuarto en cuota de mercado mundial según diversos estudios, el crecimiento ha sido del 50% con respecto al mismo periodo de 2019.

Pero el gran salto hacia adelante en la última década lo ha dado la impresión 3D. En los meses más duros de la pandemia, que ha servido de banco de pruebas forzoso para muchos avances, estas impresoras se pusieron al servicio de la sociedad con la construcción de viseras e, incluso, respiradores. Con el paso de los años su evolución se ha hecho patente, desde imprimir pequeñas piezas hasta servir de apoyo a construcciones de edificios. El próximo paso, construir órganos y huesos, y diseñar comida.



Fuentes: Hoy.es

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